COMPLEJO ARQUEOLÓGICO HUACA CHOTUNA
El
Complejo Chotuna Chornancap es un conjunto monumental ubicado en la región
Lambayeque. Históricamente se le asocia a la leyenda de Ñaylamp, una de las
tradiciones orales más significativas en el mundo ancestral andino.
Desde
el año 2006, el Estado peruano, a través del Ministerio de Cultura y la Dirección
del Museo Arqueológico Nacional Brüning de Lambayeque, viene efectuando
investigaciones arqueológicas, etnográficas y etnohistóricas para reconstruir
el desarrollo histórico y cultural de este sitio arqueológico desde sus orígenes,
así como su funcionamiento, reocupación y abandono.
A
finales del año 2011, las excavaciones arqueológicas llegaron a uno de los episodios
más significativos al documentarse el hallazgo en Chornancap del contexto
funerario de un personaje de la más alta jerarquía de la élite de la Cultura
Lambayeque
del siglo XII y XIII dC. En una compleja tumba y acompañada por ocho individuos,
se encontró una sacerdotisa, quien fuera sepultada con sus bienes, símbolos,
emblemas y ornamentos de rango, investidura y poder. Este descubrimiento
confirma el rol protagónico de las sacerdotisas en la costa norte del Perú y
abre el debate sobre el acceso de la mujer al poder y religiosidad.
La
presente muestra, organizada por el Proyecto Chotuna Chornancap, el Museo Arqueológico
Nacional Brüning, la Unidad Ejecutora 005 – Naylamp, Lambayeque, y la Dirección
de Museos y Bienes Muebles del Ministerio de Cultura, expone parte de las ofrendas
más representativas del contexto funerario de este personaje que simboliza la
religiosidad y el poder político en una sociedad compleja como la Cultura
Lambayeque.
Una sorprendente corona de oro
laminada y calada muestra una escena compuesta en la que una “mujer” con
extremidades superiores e inferiores que rematan en forma de garra reposa
sentada sobre la luna creciente y tiene un telar al frente; esta se halla en el
interior de un típico palacio Lambayeque con doble techo con la conocida
forma del ave mítica. Esta imagen alude al parecer al ser lunar que aparece en
el área andina desde épocas muy tempranas. Un primer vaso en forma alargada de
cobre plateado ubicado al lado derecho de la extremidad superior del personaje,
se convierte en el ornamento que también cumplió la función de sonaja y permite
identificar o vincular al individuo sepultado con otras representaciones en el
arte de la cultura Lambayeque. Dos grandes cuchillos de cobre hacia la parte
media del fardo, y decenas de vasijas de cerámica Lambayeque y Cajamarca
Costeño, complementan el contenido de la compleja parafernalia ritual. 
la Cultura Lambayeque.
la Cultura Lambayeque.
Los pueblos con o sin escritura,
han contado su pasado a través de narraciones legendarias, gestas, epopeyas o
mitos que con el tiempo se convierten en la expresión clásica de sus orígenes.
En estas se encierran mensajes simbólicos que en el contexto de la arqueología
e historia es necesario interpretar.
H u a c a C h o t u n a
Ubicación y localización
El complejo arqueológico
Chotuna-Chornancap está situado a 8 km al oeste de la ciudad de Lambayeque y a
4.5 km aproximadamente de la línea de la playa de San José. Políticamente se
ubica en el distrito de Lambayeque, provincia Lambayeque, región Lambayeque. Se
sitúa en la zona costera del norte peruano. Limita por el norte con la
Comunidad Campesina de Mórrope (distrito Mórrope); por el sur con la Comunidad
Campesina de San José (distrito San José); por el este con campos de cultivo y
la ciudad de Lambayeque (distrito Lambayeque); y por el oeste con campos de
cultivo y el Océano Pacífico (distritos de San José y Mórrope).
Los componentes del sitio El
complejo Chotuna-Chornancap es un importante monumento arqueológico.Conserva
gran parte de su monumentalidad, casi intacta a pesar del paso de los años y la
acción depredadora del hombre. Se emplaza sobre una extensa llanura arenosa,
cubriendo un área aproximada de 95 hectáreas. Su superficie está formada
generalmente por la presencia de dunas estables, algunas de las cuales se
hallan sepultando parcialmente importantes estructuras arquitectónicas; otras posiblemente
han cubierto totalmente edificaciones o rasgos arquitectónicos menores.
De los reconocimientos
superficiales realizados, se constata la presencia de posibles áreas de
cementerios y de viviendas, dada la evidencia de restos de osamentas humanas,
de fragmentos de cerámica dispersos y restos de intensa actividad doméstica.
El entorno que rodea el área
arqueológica monumental está definida actualmente por campos de cultivo
dedicados al sembrío de arroz, algodón y de productos de pan llevar; sin
embargo, entre estos terrenos, también se ven montículos arqueológicos,
apreciándose la ubicación de algunas viviendas en los límites del área
arqueológica, sobre todo por sus lados sur y este, mientras que hacia el oeste apenas
a 4,5 km. se ubica el litoral del Océano Pacífico.

Chotuna
Está definida principalmente por
una estructura monumental de adobe de forma tronco piramidal. Hacia el frente
oeste de la pirámide se inicia una larga rampa circunferencial por los lados
oeste, norte y este del edificio hasta llegar a la parte superior de la misma.
La altura de esta pirámide es de aproximadamente 40 m. Hacia el oeste, cerca de
la rampa, se aprecian los restos arquitectónicos de lo que fue un gran recinto
rectangular, habiéndose registrado evidencias que indican que se trataría de un
espacio dedicado a desarrollar diversas actividades artesanales y de
especialización, posiblemente talleres (Donnan 2012). Hacia el lado sureste del
monumento se ubican grandes espacios amurallados de forma rectangular,
construidos con adobes de regular tamaño, que se presentan como simples
corralones o posiblemente áreas para actividades rituales y administrativas, que
debieron demandar grandes concentraciones de personas. Hacia el noreste y
formando parte de este complejo, también se observan otras estructuras de menor
volumen que la pirámide principal, conocidas con los nombres de Huaca de los
Frisos, Huaca Susy, Huaca de los Sacrificios y Huaca de la Ola Antropomorfa.
Chornancap
Se ubica a 1,5 km al oeste de
Huaca Chotuna y a 3 km del litoral marítimo. Se trata de una pirámide trunca
con planta en forma de “T”, determinada por una rampa central que conduce a la
cima. En el centro del frente este se aprecian tres niveles , el primero de
ellos a la altura de la superficie actual, el segundo a una altura de 10 m y el
superior de 15 m, aproximadamente.

Hacia el lado norte de
Chornancap, existe un corredor definido por el talud de la huaca y una pared
que en eje este-oeste se emplaza a 6.50 m del frontis norte de Chornancap,
determinando un corredor de 12 m de profundidad, con respecto a la superficie
actual. Producto del acarreo eólico, la arena ha cubierto una importante área
con arquitectura visible en superficie, que fuera parcialmente excavada en la
década de 1980 por Christopher Donnan (1989 y 2012). La excavación realizada
permitió reportar la arquitectura final, correspondiente a sucesivas fases de ocupación
y remodelaciones, sobre todo un patio con elaboradas pinturaspolícromas,
realizadas sobre la pared superior a manera de “cenefa” y que
reflejan una bien desarrollada
tradición artística con escenas de amplia diversidad de imágenes y
composiciones.
Estos murales polícromos
pertenecerían a la fase intermedia del complejo Chotuna Chornancap, fechada
entre 1100 a 1300 dC. Al sur de Chornancap, a 80 m, se aprecia un montículo
elevado que fue ampliamente excavado, permitiendo definir una compleja estructura
arquitectónica semejante a lo que podríamos calificar como un palacio; en el
área ceremonial o ritual de dicho palacio fue documentada el año 2011 la tumba
de un personaje de elite que hemos venido denominando la Sacerdotisa de
Chornancap.
INVESTIGACIONES
En el marco del
programa de investigaciones arqueológicas del Proyecto Chotuna–Chornancap, de
la Unidad Ejecutora N° 005 Naylamp-Lambayeque del Ministerio de Cultura, en el
mes de febrero de 2011 se inició la excavación de un montículo ubicado a 80 m al
sur de la Huaca Chornancap, en el cual se documentó una compleja arquitectura
que consiste en un pequeño “palacio” que presenta aposentos, espacios rituales,
áreas para festines, depósitos, espacios abiertos a manera de plazas, entre
otros, que revelarían la presencia de una importante autoridad de la jerarquía
Lambayeque que debió habitar en estos espacios y desarrollar actividades
rituales. Al documentar la arquitectura palaciega, se identificaron hacia el
norte del altar principal un conjunto de “intrusiones”, las cuales se excavaron
sistemáticamente desde agosto de 2011. En el primer grupo se registraron
importantes ofrendas y el entierro secundario de un personaje de status con
ofrendas de cobre (cuchillos, tocado, bastón, discos calados, etc.) y un acompañante.
Este hallazgo constituyó un revelador indicio de la posible existencia de otros
contextos funerarios. En consecuencia, la última intrusión que se excavó en el
palacio de Chornancap, se trató de un área de aproximadamente 10 m², cuya
apertura progresiva permitió definir los primeros indicios de una tumba muy
significativa. En el lado oeste del corte de la tumba se halló un agrupamiento
de vasijas de cerámica de la más fina calidad artística y tecnológica,
asociadas al estilo Cajamarca, que se caracteriza por elaborar cerámica con
arcilla conocida como caolín, pero sobre todo que muestra un característico
sello de color, acabado y decoración. El conjunto de ofrendas de cerámica,
representada por platos, cuencos, finas jarras, “floreros”, que revelan a
simple vista la extraordinaria belleza e inconfundible identidad cajamarquina
definida a partir de las imágenes pintadas tanto en el interior como exterior
de las mismas, corresponderían a lo que se conoce como estilo Cajamarca
Costeño. En la parte este de la tumba, en el mismo nivel de la cerámica
Cajamarca Costeño, se definió un conjunto de ofrendas de cerámica con la
clásica representación de botellas de doble cuerpo en forma de Spondyllus, y
vasijas escultóricas, de clara filiación cultural Lambayeque Tardío (1100–1350
dC.); estas ofrendas constituyeron un claro indicio para confirmar la hipótesis
sobre la existencia de la tumba de un personaje de alta jerarquía, que estaba
recibiendo
ofrendas simbólicamente diferenciadas en su sepultura.
Al respecto, hay que destacar que
la ubicación de la cerámica Lambayeque, puede ser entendida por el ámbito donde
se encuentra pero las vasijas de estilo Cajamarca Costeño podrían interpretarse
como el afianzamiento de los vínculos y lazos que el personaje sepultado en la
tumba habría sostenido con la región cajamarquina.
De existir estos vínculos,
podrían interpretarse como de índole familiar (por matrimonios), de relaciones
territoriales o probablemente como circunstancias de intercambio de productos y
recursos (comercio); pero estos confirman una estrecha e histórica relación
entre estos dos grupos contemporáneos, que reafirman sus vínculos no sólo en la
vida, sino en la muerte. Adicionalmente, se ha reflexionado sobre la
posibilidad de que la presencia de este conjunto de cerámica de estilo
“foráneo”, pero de aparente producción local, forme parte del afianzamiento de
un vínculo más profundo que tiene que ver con el tema del agua. Tema que genera
la fertilidad y ello por la razón de que el agua que se descarga por los valles
de la región Lambayeque, tiene origen en las vertientes andinas de Cajamarca.
Por lo tanto, este recurso hídrico de vital significado constituyó
históricamente y hasta hoy el aporte generoso de Cajamarca para que los campos
de Lambayeque sean fertilizados con éxito, lo que conlleva a una relación que
se afianza y fortalece a nivel político, religioso y productivo, pero que se
origina desde el aprovechamiento de la expresa voluntad de la naturaleza

Al retirar las
ofrendas de cerámica, se hallaron dos mantos o telas pintadas: uno extendido
hacia el este y el otro doblado al oeste. El primero de estos posee forma
rectangular de 6m² y presenta una reveladora simbología que identifica un tema
emblemático y recurrente en la iconografía de la Cultura Lambayeque, que es
conocida como la Ola Antropomorfa, presenta además, en el centro 90 discos de
cobre de 12.5 centímetros de diámetro. El segundo manto, con las mismas
características, fue colocado en el extremo oeste de la tumba y doblado en dos partes.
La recuperación de esta singular ofrenda significó un reto, pero sobre todo una
oportunidad de documentar en forma detallada todos los elementos que forman
parte de este ornamento. La temática iconográfica que presentan ambos mantos
aludirían evidentemente a una clásica composición de la Luna y el Mar, dos
escenarios trascendentales en la vida de la sociedad lambayecana y sobre el cual
el personaje sepultado habría tenido acceso como parte de los elementos ideológicos
que identifican su condición y jerarquía semidivina.

Retirados los
mantos, a pocos centímetros se identificó una estructura de planta ovoidal y en
el interior una superficie compuesta por una capa de barro que registraba las
improntas de pisadas de tres personas que habrían preparado barro, como si este
acto se tratase de un ritual del cierre de la tumba, en una especie de “danza”,
que constituye un evento inusual en contextos funerarios pero que indica la
complejidad del ritual del enterramiento de la personalidad sepultada.
Efectuado el registro de este evento, a un metro se identificó un telar llano
de algodón nativo color pardo que se hallaba en muy mal estado de conservación,
que cubría al fardo funerario. Era el día 18 de octubre cuando al promediar las
10 de la mañana a 1.30 m de la ubicación del manto pintado, se halló lo que se
venía esperando. Desde el fondo de la tumba emergió un rostro imperturbable
originado por la extraordinaria y clásica cara-máscara Lambayeque, con ojos
alados y la representación, en cobre, de lágrimas que caen de sus ojos y que
expresarían el sollozo de un rostro divinizado que en la sepultura muestra un
revelador y metafórico mensaje rumbo a la otra vida. Adicionalmente, se aprecia
en la nariz de la máscara un elemento alargado que da la apariencia de secreción
nasal que cae de su nariz y constituye el complemento a esta simbólica
composición. Una corona de cobre plateado, colocada sobre la cara–máscara
confirma el status del personaje sepultado, así como también un collar de 21
discos de cobre. Estos objetos reposaban sobre el fardo funerario recubierto
por discos de cobre como círculos concéntricos. Curiosamente, el ataúd está
ausente en este contexto, hecho que ratifica la tradición Lambayeque de
enterrar a sus personajes envueltos en fardos. También aparece un objeto de
cobre a manera de un bastón en cuyo extremo superior se aprecia la silueta en
forma romboidal, asociado a un círculo, dando la impresión de una especie de
asta muy característica en la iconografía Lambayeque. Un pequeño cetro
elipsoidal en cuya cima aparece la imagen laminada, recortada y calada del
conocido y mítico personaje ave Ñaylamp en cobre dorado. Detalle de textil
polícromo con imagen de “Ola Antropomorfa”, símbolo emblemático de la Cultura
Lambayeque.

Al iniciar la excavación del fardo
funerario propiamente dicho, uno de los primeros ornamentos en aparecer fue el
pectoral de concha blanca (conus) que cubre todala región principal del
individuo. Aparecieron también tres deslumbrantes pares de orejeras de oro: la
primera con la representación de un personaje visto de frente con bastones a
cada mano y con un gran tocado semilunar; otra con un círculo central y al
borde el diseño de la Ola Antropomorfa; la tercera con diseño circular y en el
borde una imagen en forma de estrella. Otros pares de orejeras de plata revelan
también la compleja simbología; entre estos destaca un par de orejeras de plata
con un personaje de frente y un bastón a cada mano (similar al de oro); y otro
con la conocida representación del “animal lunar”.

Un ornamento de
extraordinaria calidad artística elaborado en lámina de oro aparece hacia la
parte superior izquierda del personaje principal (a la altura de la mano
izquierda) y evidentemente revolucionó el contexto funerario pues confirma
indiscutiblemente el elevado status del individuo que lo usó en vida. Se trata
de un bastón ceremonial o cetro de mando de oro de aproximadamente 23 cm de
largo con un extremo alargado laminado con la representación de un clásico
personaje Lambayeque, que aparece de pie sobre un podio con el gesto ritual con
los brazos en alto, en aquella conocida actitud de “Mochar” (besar el aire). El
personaje presenta elementos repujados en su rostro y calados hacia los lados
de su cuello; y hacia los extremos emergen felinos estilizados (conocidos
también como dragones) y sobre su cabeza una pequeña corona como si se tratara
del cuerpo de un ave en picada. Adicionalmente, como complemento aparece el
techo de un palacio Lambayeque con la clásica representación del cuerpo del ave
mítica, llamada por

punta. En este techo se aprecia también repujado
el símbolo de la voluta u ola marina decorando los lados, al cual se han
adicionado piezas móviles a manera de colgajos que generan un sorprendente
efecto visual. Este ornamento expresa una imagen divina de reconocida difusión
en el arte Lambayeque y que corresponde a una deidad que aparece con el mismo
gesto, pero asociado a diferentes elementos en el territorio de la costa norte.
Otro objeto que por su soberbia calidad artística
ha deslumbrado, lo constituye un pequeño cuenco de plata con complejas escenas
repujadas en la superficie externa. Muestran un mensaje de profundo contenido
religioso y simbología que incluye el mar, aves, felinos, serpientes y seres
mitológicos que, en suma, expresa parte del universo ceremonial de esta
sociedad o probablemente guarda una historia que cuenta el viaje de estos
personajes por el mar como medio para lograr su divinización. Sin duda, este
cuenco, que podríamos calificar como el “cáliz Lambayeque”, formó también parte del contenido del fardo y
constituye uno de los principales bienes de la función sacerdotal del personaje
sepultado.
Láminas de cobre
plateado recamadas debieron representar las vestimentas, así como láminas
ovaladas que dan la idea de plumas, en clara alusión a la simbólica y aparente
condición “ornitofomorfa” del individuo sepultado. Aparecieron también
complejos pectorales de miles de cientos de cuentas de concha Spondyllus de
color blanco, rojo y turquesa, así como Conus y Strumbus que deben contener
singulares iconografías cuya recuperación fue todo un reto; vasos bimetálicos
de oro y plata reafirman el mensaje de la dualidad presente en este contexto
funerario, láminas repujadas con diseños de personajes asoman en la tumba, y un
par de collares de idolillos de oro y plata refuerzan la condición importante del
personaje .
Al retirarse los
objetos del fardo funerario se definió claramente la osamenta del personaje
central pues portaba brazaletes de esferas de oro y otro par de concha con
diseños aún no determinados. Al retirar la lámina de cobre plateado que cubría
el rostro del personaje se aprecia en su real magnitud el cráneo que luego de
las evaluaciones realizadas por los antropólogos físicos Mario Millones (Perú),
Haagen D. Klaus (USA) y Catherine Gaither (USA) certificaron que se trataría de
un personaje de sexo femenino entre 45 a 55 años de edad que presenta una
deformación craneal occipital típica de personajes de elite (tal como se
registran para la sociedad mochica). Esta identificación produce un inusitado
cambio en la perspectiva interpretativa acerca del personaje y de la sociedad
Lambayeque en su conjunto, pues tradicionalmente se entendía que sólo los
personajes varones tenían acceso al poder político y religioso salvo las
sacerdotisas excavadas en la década del 90 en el sitio arqueológico San José de
Moro de Chepén (Castillo y Donnan 1994). La confirmación del sexo femenino del
personaje central nos sitúa en una condición interpretativa singularmente
extraordinaria al tener la oportunidad de documentar científicamente a una de
las primeras sacerdotisas de la
Cultura Lambayeque.






